Que la cita exista ya lo chequea el software. El problema que queda es otro, y es peor: la referencia puede ser real, vigente y del autor correcto — y el estudio no medir lo que tu pieza afirma. Ninguna herramienta de verificación de citas ve esa distancia. Cuando la pieza se publica, alguien de tu equipo pone la firma.
Yo tomo tu contenido y leo cada afirmación de salud contra el paper que la respalda: busco en cinco bases científicas, rankeo la evidencia por jerarquía y te digo, claim por claim, si lo que citás sostiene lo que decís. Te entrego un certificado de trazabilidad firmado a mano. En español, con criterio médico, foco LatAm.
Trabajo con Medical Affairs, Regulatory Affairs y comunicación médica de la industria farmacéutica y healthtech en Latinoamérica: los equipos que producen material científico-promocional y de divulgación a escala, donde cada afirmación tiene que poder trazarse a una fuente real y vigente.
Un artefacto tangible y auditable, por pieza o por lote. No es un PDF de promesas: es el resultado real sobre tu material.
El corazón del dossier. Una cita puede existir, estar vigente y ser del autor correcto — y aun así el estudio no medir lo que la pieza afirma. Un claim de rendimiento cognitivo respaldado por un ensayo de manejo de peso corporal, sin un solo test cognitivo, pasa cualquier verificador de citas del mundo. No pasa una lectura.
Cada afirmación queda como respaldada, emergente, refutada o sin evidencia suficiente — con la referencia real, el año y el tipo de estudio. El motor busca en PubMed, Europe PMC, ClinicalTrials.gov, OpenAlex y Semantic Scholar, y rankea cada estudio por jerarquía de evidencia.
La higiene básica, que damos por descontada: una cita que no existe no pasa, y cuando una fuente reporta que un paper fue retractado, cae al tier más bajo y no puede sostener un veredicto. Esto hoy lo hace también el software — por eso no es lo que te vendo, es el piso.
El documento que tu equipo le puede reenviar a Compliance global: qué se auditó, qué se bloqueó, con qué evidencia, fecha y firma. Certifica la verificación de la evidencia, no avala tu producto.
Hay software que chequea si tus citas existen. Es bueno, y hoy es gratis. Si eso es lo que necesitás, no me necesitás a mí.
El problema empieza después. En un estudio sobre 60 folletos entregados a neurólogos, el 95,6% de las citas era formalmente correcto —la referencia existía, el año era el que decía, el paper era real— y aun así el 80% del contenido resultó falaz. La herramienta habría dicho que estaba todo bien. El paper decía otra cosa. (Fuente: análisis de publicidad farmacéutica dirigida a neurólogos, Medicina (Buenos Aires), 2021.)
Eso no lo detecta un chequeo automático. Lo detecta alguien que abre el paper, lee qué midió el estudio y lo compara con lo que la pieza afirma.
Mandame una pieza tuya. La que más ruido te haga. Una que ya esté aprobada, ya publicada, ya en la calle. Tomo tres de sus afirmaciones y te devuelvo, sobre tus propios claims: qué afirma la pieza, qué dice realmente el paper que la respalda, y dónde está la distancia entre las dos.
Sin costo y sin compromiso. No hace falta que abras un proveedor ni que pases por Compras para averiguar si esto te sirve.
Mandame una pieza →No hay abono mensual, no hay licencia y no hay plan. Es trabajo profesional: se acuerda por encargo y se factura por encargo.
Hay herramientas que chequean citas —en tu propio gestor de contenido, en cualquier IA— y agencias que escriben material. Lo que no hay es una persona, un médico, que verifique de forma independiente, firme la verificación y cubra los casos borderline poniendo su nombre.
Donde el algoritmo duda, pongo mi criterio. Y cuando alguien pregunte «¿quién verificó esto?», hay un nombre que responde, no un agente de IA. Eso es lo que se contrata.
Soy médico y psicólogo (UCC · UM), y construí el motor de verificación que está detrás de este servicio — el mismo que podés probar ahora mismo en el validador.
Quién soy →Es un servicio de análisis técnico y verificación de evidencia sobre piezas de contenido. No constituye asesoría médica ni revisión de casos individuales. La firma certifica la verificación técnica de la evidencia y el análisis de riesgo regulatorio de la pieza; no constituye un aval médico ni un respaldo clínico de las afirmaciones del titular del producto, cuya responsabilidad regulatoria permanece en el laboratorio.
Elegí la pieza que más te preocupe. Tomo tres de sus afirmaciones y te muestro qué dicen realmente los papers que las respaldan. Decidís con algo en la mano.
La firma certifica la verificación técnica de la evidencia, no un aval médico de tu producto.